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Papá, que duerme junto al recién nacido, envueltos en una manta suave

La falta de sueño y el sueño irregular: riesgos para la vida cotidiana

Todavía hay demasiadas personas que no le dan la importancia que merece al sueño, a pesar de que constituye el momento esencial de descanso para la mente y el cuerpo. Si queremos razonar exclusivamente en términos numéricos, hay que tener en cuenta que pasamos en la cama durmiendo al menos un tercio del tiempo de nuestra vida. Teniendo en cuenta que, de media, vivimos entre 75 y 80 años, el tiempo total de nuestra vida dedicado a dormir (o a intentar hacerlo) es de al menos 25 años.

¿Dormir poco? El resultado de una lucha contra el sueño

A todo el mundo le gusta dormir, y dormir profundamente ayuda a todos a sentirse mejor consigo mismos y a gustarse más. Sin embargo, muchos libran cada tarde y cada noche una batalla contra el sueño. Una auténtica guerra que puede durar incluso toda una vida, dedicada a buscar soluciones contra el insomnio.

Otros disponen de poco tiempo o se han construido una vida tan ajetreada que les lleva a relegar el sueño al último lugar, como la última de las prioridades. Porque vivimos en una sociedad que empuja a las personas a estar constantemente activas e hiperproductivas. Sin embargo, es precisamente gracias al descanso y también a esos momentos de ocio que nos permitimos de vez en cuando como conseguimos recuperar energías, esperanza, capacidad de resolución y creatividad. En los casos más extremos, el sueño se considera una pérdida de tiempo, horas restadas a la vida productiva, a la monetización de la propia actividad. Pero una sociedad en la que el sueño se considera una molestia, un problema, no es una sociedad sana.

En realidad, aunque como seres vivos deberíamos estar muy familiarizados con el sueño, son pocos los que conocen este tema, lo que significa dormir poco y cuáles son las consecuencias reales. Por eso, tendemos a no darnos cuenta realmente de hasta qué punto la falta de descanso puede afectar a nuestro bienestar.

Cuando se piensa en el sueño, automáticamente se le contrapone al estado de vigilia. Se cree que la vigilia representa para el organismo el momento de máxima expresión vital: un estado activo en el que «se hacen cosas». Un estado activo que se contrapone al sueño, un estado pasivo. Esta consideración no es más que fruto de la ignorancia. Estamos cometiendo un grave error de valoración que se debe precisamente a la falta de conocimiento de lo que ocurre durante el descanso.

 

¿Qué ocurre mientras dormimos?

Se cree que, durante el sueño, el cuerpo y la mente se detienen por completo y descansan por fin para recuperar energías. Este malentendido se debe a que, a nivel visual, estamos quietos, sumidos en un estado de inconsciencia parcial o total. Sin embargo, el sueño no es una forma de pasividad total, sino que constituye también una actividad.

Con el avance del progreso científico, hemos descubierto nuevos secretos que arrojan luz sobre los mecanismos del sueño. Sin embargo, a día de hoy, para los especialistas en neurociencia, el sueño sigue encierando numerosos misterios. Entre los conocimientos que ya pueden considerarse consolidados se encuentra, fundamentalmente, el estudio de las diferentes fases del sueño, desde el momento de conciliar el sueño, pasando por el sueño ligero, hasta el sueño profundo y la fase REM.

Pero retrocedamos un poco. Dentro de los ciclos del sueño se pueden distinguir dos fases que se alternan: el sueño REM y el sueño no REM.

Los estados de conciencia por los que se pasa durante el sueño no REM constituyen la parte principal del sueño nocturno. En cuanto a la duración, el sueño REM ocupa más o menos unos veinte minutos por cada ciclo repetido de unos 90 minutos de duración. A lo largo de los ciclos repetidos, el sueño REM va ocupando más tiempo y se va alargando. Pero, ¿cómo consiguen los expertos en neurociencia analizar las distintas fases del sueño?

Para poder distinguir estas dos fases del sueño, se han analizado una serie de parámetros relacionados con el funcionamiento cerebral y la activación de diferentes áreas.

Mientras la persona duerme, algunas características tienden a cambiar, como el tono muscular, la frecuencia cardíaca, el electroencefalograma, los movimientos respiratorios y los movimientos oculares.

Durante la fase de sueño no REM, estos parámetros experimentan una disminución que se acentúa a lo largo de las distintas fases.

1.ª etapa

La primera fase es la de la desaceleración, que permite al individuo pasar del estado de vigilia al de sueño. Esto significa que ya se pueden observar algunos cambios sustanciales con respecto al estado de vigilia. Sobre todo en lo que respecta a las ondas cerebrales, que pasan de ser ondas alfa a ondas theta.

2.ª etapa

En la segunda fase se produce un aumento adicional de la ralentización general, sobre todo muscular: el individuo se encuentra más aislado del exterior, lo que dificulta el despertar. En esta fase aparecen los complejos K, ondas de alta frecuencia y muy breve duración que tienen la importante función de impedir el procesamiento de la información. A los complejos K les siguen los husos del sueño, señales características detectables en el electroencefalograma (EEG) del sueño no REM de la fase 2.

3.ª etapa

La tercera fase se caracteriza por un aumento de las ondas delta, que llegan a constituir la mitad del total de ondas. Con una frecuencia comprendida entre 0,1 y 3,9 hercios, las ondas delta indican que se acerca la fase de sueño profundo.

4.ª etapa

Las ondas delta se vuelven predominantes en la cuarta fase, cuando la actividad cerebral puede considerarse «reducida» y el cuerpo consume menos energía desde el punto de vista metabólico.

Fase REM

Han pasado unos 90 minutos desde que nos quedamos dormidos y, por fin, pasamos de la fase no REM a la fase REM, reconocible por algunos signos característicos. Porque es en esa fase donde, por lo general, se sueña y, en consecuencia, la actividad muscular se bloquea por completo, precisamente para evitar el peligro de reproducir físicamente las dinámicas del sueño que, en su caso, se esté teniendo.

Sin embargo, se mantienen las funciones respiratorias y la movilidad ocular, por lo que se habla de REM (movimientos oculares rápidos).

Cada ciclo dura aproximadamente una hora y media; los ciclos de sueño se repiten a intervalos regulares entre 4 y 5 veces a lo largo de la noche.

¿Qué es el sueño local?

Como se puede observar, el ciclo del sueño es un mecanismo perfecto, pero hay muchas formas de alterar su dinámica natural con hábitos y comportamientos inadecuados.

Según estudios recientes, más allá del ciclo del sueño nocturno, existe la posibilidad de experimentar el sueño local durante el día. Se trata de un mecanismo que adopta el cerebro y que, de forma automática, comienza a apagarse poco a poco, desactivando solo algunas áreas específicas.

¿Y qué significa esto? En una persona que, al menos aparentemente, se encuentra en estado de vigilia, determinadas partes del cerebro y algunas zonas de la corteza cerebral funcionan de manera diferente, como si estuviera durmiendo. En otras palabras, cuando estamos despiertos, durante el estado de vigilia, algunas partes de nuestro cerebro están durmiendo, con todos los riesgos que ello puede suponer para nuestra capacidad de realizar las actividades normales relacionadas con nuestra vida privada y profesional.

Aún no se conocen lo suficiente las causas y el verdadero mecanismo del «modo de espera selectivo» que provoca el sueño local; parece que nos encontramos ante una combinación de diversas manifestaciones neurológicas.

El sueño local es, de hecho, un fenómeno neurológico complejo. Normalmente estamos acostumbrados a pensar en el sueño como una fuerza que actúa «de arriba abajo», partiendo del cerebro hasta abarcar todo el cuerpo. En otras palabras, cuando el cerebro se calma y reduce su actividad, «disminuyen las RPM» (rounds per minute / revoluciones por minuto) y todo el organismo se prepara para dormir. Sin embargo, este modelo no resulta útil para comprender lo que ocurre durante algunos fenómenos específicos, como el sueño unilateral (o sueño hemisférico), el sonambulismo y, precisamente, el sueño local.

La función del sueño local

Como hemos dicho desde el principio, algunas funciones del sueño humano siguen sin estar claras a día de hoy. Por ejemplo, las oscilaciones lentas y continuas de los neurones corticales, que podrían tener una función concreta: inducir cambios sinápticos locales que repercuten en la función neuronal global.

Se trata de ese fenómeno que, en términos generales, se denomina homeostasis del sueño, es decir, ese mecanismo automático de regulación del ciclo vigilia-sueño.

En este sentido, el sueño local no se refiere únicamente a la fase de vigilia, sino que es un mecanismo de conciliación progresiva del sueño que parte de algunas áreas para ir involucrando a otras. Siguiendo esta lógica, parece, por tanto, que el sueño tiene realmente un componente local, es decir, que puede activarse mediante una serie de acciones de aproximación y aprendizaje que involucran a regiones cerebrales específicas. Así, la homeostasis del sueño puede inducirse a nivel local.

Los peligros de las micro siestas

A menudo, cuando se habla de sueño local, también se hace referencia a los microsueños. El microsueño es un episodio de sueño repentino (ataque de sueño) que dura entre 5 y 10 segundos aproximadamente. El cerebro, sin que la persona se dé cuenta, se pone en pausa y comienza a dormir de forma involuntaria. A menudo, los microsueños se producen cuando la persona realiza una serie de acciones rutinarias (ver la televisión, conducir) o, en cualquier caso, se encuentra en una situación considerada monótona, que no requiere un esfuerzo cerebral notable. Una vez finalizado el microsueño, la persona se despierta con la misma brusquedad, a menudo con un sobresalto.

¿Qué relación hay entre el sueño local y el microsueño? Ambos fenómenos se deben a una situación inicial de falta de descanso y estrés provocada por dormir poco. Cuando no se duerme al menos entre 7 y 8 horas por noche.

Por lo tanto, hay algunos síntomas que comparten la somnolencia local y la microsomnolencia. Bostezos frecuentes, sensación generalizada de somnolencia, dificultad para concentrarse, pesadez en los párpados y mirada ausente. La mayoría de las personas, antes o después de un episodio de microsomnolencia, muestran otros signos:

* Falta de respuesta a una pregunta
* Lentitud en la comprensión
* Mirada perdida y ausente
* Cabezón pesado que se inclina hacia abajo
* Movimientos bruscos e inesperados del cuerpo
* Incapacidad para recordar los últimos minutos.  

La microsueño puede ser una situación peligrosa para todos, especialmente para quienes realizan trabajos pesados o que implican responsabilidad hacia los demás. Mejorar la calidad del sueño no solo evita que te quedes dormido en el lugar y en el momento menos oportunos, sino que también contribuye a una mejor salud.

Los riesgos relacionados con la anestesia local

Hemos comprendido que el sueño local es una dinámica común: una propiedad fundamental de las pequeñas redes neuronales, pequeñas áreas del cerebro que entran en estados similares al sueño. Estos estados se caracterizan por propiedades electrofisiológicas y fenómenos de regulación molecular que constituyen el componente esencial de la homeostasis del sueño. Estos procesos, que se inician a través de eventos locales dependientes de la actividad celular, repercuten en niveles superiores sobre la organización tisular, influyendo y regulando funciones de todo el cuerpo.

La falta de estudios exhaustivos y de aplicaciones clínicas relacionadas con la anestesia local no nos permite, a día de hoy, ir más allá. Sin embargo, al menos podemos intentar comprender los riesgos asociados a la anestesia local.

Estar despierto significa ser capaz de realizar todo lo que hace el ser humano durante sus actividades cotidianas. Cualquier acción que analicemos implica siempre una cierta necesidad de ser conscientes y responsables de lo que se está haciendo. Desde el simple «sentarse en el sofá a ver la tele» hasta acciones un poco más complejas, como conducir un coche o cortar salami en la sección de embutidos del supermercado.

Cuando se experimenta el sueño local, varias zonas del cerebro, de repente, comienzan a desconectarse y a entrar en estado de sueño. Por esta razón, no es posible estar presente al 100 %. Y si esto ocurre cuando estamos en el sofá, es una cosa, pero si ocurre mientras se realizan tareas en las que es posible hacerse daño o hacer daño a alguien, la situación cambia, porque nos convertimos en un peligro.

Las causas del sueño local

Los estudios sobre este tema son bastante recientes y aún están en curso. Parece que la causa principal que desencadena el sueño local es sencilla: dormir poco. Dormir poco tiene consecuencias importantes en el estado de fatiga del cerebro, y algunas partes de este simplemente se desconectan, de forma repentina, mientras se está despierto.

Es bastante conocido que dormir poco provoca importantes pérdidas de atención. Basta con pensar que en el lenguaje coloquial son frecuentes expresiones como «estoy durmiendo de pie», «¡estás dormido!», «¡pero despierta!». Normalmente se hace referencia a un estado en el que uno se siente confuso o percibe que la otra persona está confusa y no está concentrada en lo que está haciendo.

Y, de hecho, podría ser mucho más cierto de lo que cree quien utiliza este tipo de metáforas.

La falta de sueño afecta de manera muy negativa a las capacidades cognitivas de una persona y a su capacidad para controlar su propio comportamiento.

No son pocos los estudiosos que consideran que también podría influir en cierta medida en la capacidad de gestionar adecuadamente la agresividad. Es posible que muchos casos de pérdida de control se deban precisamente a un fuerte estrés provocado por la falta de sueño.

Las pruebas realizadas en el ámbito médico han revelado que, cuando una persona realiza una actividad durante mucho tiempo, sus áreas corticales frontales se cansan. Al cabo de unas horas, es como si el cerebro se sintonizara con la frecuencia del sueño.

La persona que sufre un ataque de sueño local comienza, por tanto, a cometer toda una serie de errores de comportamiento que nunca habría cometido en un estado real de vigilia.

Se trata de episodios de carácter temporal; el problema es que no se pueden controlar y, por lo tanto, no se puede estar seguro de rendir al máximo en esas situaciones.

Casi ni hace falta añadir que, en casos de sueño local, también se complica el proceso de aprendizaje y de procesamiento de la información. Por lo tanto, es posible que un descanso deficiente sea la causa de ciertas dinámicas que afectan a quienes no consiguen pasar mucho tiempo estudiando.

Dormir poco: la relación con otras enfermedades

¿Cuántas horas de sueño necesita el ser humano? Numerosos estudios revelan hasta qué punto la falta de sueño u otros problemas relacionados con el sueño pueden estar relacionados con trastornos, incluso de carácter psicopatológico. No solo la depresión o las enfermedades que afectan al estado de ánimo. Por ejemplo, muchas personas que padecen trastornos de la personalidad sufren insomnio, aunque es difícil determinar en qué medida es el insomnio el que agrava el trastorno o el trastorno el que agrava el insomnio.

Sin duda, los médicos que participaron en el estudio sobre el sueño local pudieron comprobar que quienes duermen pocas horas someten al cerebro a un esfuerzo continuo. En consecuencia, cuando están despiertos, estas personas son más propensas a entrar en un estado de sueño local, estado en el que podrían tener grandes dificultades para gestionar con normalidad las relaciones humanas y los impulsos que de ellas se derivan. De ello se deriva una sugerencia para un nuevo campo de investigación posible, que se centra en la correlación entre la falta de sueño y la antisocialidad.

Teniendo en cuenta la importancia del sueño desde el punto de vista biológico, no basta con asegurarse de no dormir poco. Hay que abordar el sueño como una auténtica terapia para el bienestar diario y, para ello, es necesario comprender cuántas horas de sueño al día son necesarias.

De hecho, en determinados momentos cambian nuestros hábitos durante la vigilia, los estímulos que nos hacen despertarnos por la mañana y el entorno en el que descansamos. Todo ello puede influir en la cantidad de sueño que necesita una misma persona en diferentes etapas de su vida.

Para evitar sufrir microsueños y entrar en un estado no deseado de sueño local durante los momentos de vigilia, hay que conocerse a uno mismo.

No todas las personas son iguales, y la necesidad de dormir puede variar en función de cada persona y de su edad. Un recién nacido, hasta los tres meses de vida, necesita dormir al menos 14 horas al día, y en algunos casos hasta 17 horas.

Poco a poco, la necesidad de dormir tiende a disminuir, hasta llegar a las 9-11 horas de sueño en el caso de los niños en edad escolar. Durante gran parte de la vida, en la etapa laboral de una persona, el número de horas de sueño oscila entre las 7 y las 9 horas, y la necesidad de sueño se reduce en una hora a partir de los 65 años.

No obstante, esta reducción debe producirse de forma gradual y adecuada, tomando todas las medidas necesarias. En caso de que surjan dificultades para conciliar el sueño y para disfrutar de un sueño tranquilo y prolongado hasta la mañana siguiente, siempre conviene plantearse algunas preguntas:

* ¿Qué es lo que perturba la tranquilidad relacionada con mi sensación de haber descansado bien?
* ¿Cómo es el ambiente del dormitorio? ¿Puedo mejorarlo?
* ¿De qué material está hecho el colchón en el que duermo? ¿Y la ropa de cama?  

Al responder a estas preguntas, recordemos que el problema no está relacionado única y exclusivamente con el peligro de quedarse dormido en la zona. A la larga, dormir poco es perjudicial y nos expone a un mayor riesgo de padecer enfermedades graves.

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